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CAPÍTULO QUINTO: La máscara demoníacaEditar

El Ejército de Ikana, liderado por Keeta, logró salir vivo del Inframundo Terminiano. Sin embargo, las respuestas no fueron las mejores...

-Igos du Ikana: ¡No puedo creerlo, las Diosas de Oro estropearon nuestro portal! No tenemos nada que hacer... ¡Solo exterminar a los Ninjas que permanecen aquí!

-Keeta: Y aparte de eso, señor...

-Igos du Ikana: Dime, ¿Qué pasó ahora?

-Keeta: Tenemos una buena y una mala noticia...

-Igos du Ikana: ¡Primero la mala!

-Keeta: La mala, es que perdimos la Máscara de Gigante.

-Igos du Ikana: ¡¿Cómo se les ocurre...?!

-Keeta: ¡Espere, señor! La buena, es que tenemos una mucho mejor...-Dijo Keeta, al tiempo que le mostraba la Máscara de Majora al Rey-.

-Igos du Ikana: Ohhh... No está nada mal... ¿Qué es lo que hace?

-Keeta: Pruébela, señor. Aún no lo sabemos.

El Rey de Ikana, en su ira hacia Hyrule, cometió el peor de sus errores, y se colocó la Máscara de Majora.

-Igos du Ikana: Uhhmm... Se siente... Poderosa...

-Keeta: ¡Con ella, de seguro acabaremos con ellos!

-Igos du Ikana: No lo dudo, Keeta... ¡Rápido, prepara un escuadrón! ¡Iremos a las catacumbas de los Garo!

El resentido Rey, junto con su fiel general y sus soldados, se dirigió hacia el Campo de Términa. Pero antes de que llegasen, los Ninjas Garo ya tramaban su próximo movimiento.

-Maestro Garo: ¡Nuestras patronas divinas lo han logrado, las fuerzas terminianas no llegaron a Hyrule!

"""Los Garo se emocionan y agradecen a las Diosas de Oro"""

-Maestro Garo: ¡Ahora, hermandad hyliana, vayamos hacia Ikana! ¡Vamos a rematar a quienes no nos dejaron salir de aquí!

Mienstras tanto, en la pradera...

-Keeta: ¡Tomen sus armas! ¡El Rey nos ayudará a exterminar a la última escoria hyliana que queda en nuestra tierra!

-Igos du Ikana: Puedo sentirlo... Ella me lo está susurrando... No basta con destruir a los Ninjas... ¡Hay que destruir este mundo!

-Keeta: ¡Señor! ¿De qué habla? ¿Está bien?

-Igos du Ikana: Sí, sí, estoy bien... Solo que la máscara me hace decir cosas que no pienso mencionar...

-Keeta: Bien, señor... ¡En ese caso, podemos prepararnos!

-Maestro Garo: ¡No tan rápido!

"""Las vistas de los soldados giran hacia los Garo"""

-Igos du Ikana: ¡¡¡USTEDES!!! Son aliados de sus Diosas, ¡¿Verdad que sí?! Bien, ¡No sean cobardes y peleen contra mí!

-Maestro Garo: ¡Tu máscara no me asusta, ciervo de los Gigantes! ¡Acabamos con su portal, y ahora con ustedes!

Comenzó un cruel combate, los Ninjas Garo engañaban a sus oponentes, mienstras que los soldados de Ikana luchaban con fuerza. Sin embargo, su Rey era muy poderoso, acabando con varios de los Garo.

-Maestro Garo: ¡Bien, nos rendimos, nos rendimos! ¡Garos, en retirada, diríjanse a la base! ¡No salgan de ahí!

-Keeta: ¡Cobardes! Solo frustraron nuestro plan porque sus Diosas los llevaron de la mano. ¡Pero ya no es así, cierto!

-Garo: ¡Nuestras patronas nos siguen apoyando, y siempre lo harán!

-Keeta: ¡No sean ilusos! Si los apoyaran, ¿No los hubieran regresado ya a Hyrule?

Tras esas palabras, los Garo huyeron lejos, hacia su base.

-Keeta: ¡Señor, hemos vencido! ¿Señor, puede escucharme?

-Igos du Ikana: ¡Vamos, Keeta, a Ikana! Hay que destrozar al mundo que nos rodea.

-Keeta: ¿Otra vez con ello? Señor, ¡No debe destrozar el mundo!

-Igos du Ikana: ¡Yo debo consumir el mundo! ¡Yo debo consumir el mundo! ¡Yo debo consumir el mundo! ¡Yo debo consumir el mundo! ¡Yo debo consumir el mundo! ¡Yo debo consumir el mundo! ¡Yo debo consumir el mundo! 

-Keeta: Señor... ¿No estará... poseído por...?

-Igos du Ikana: ¡Vamos, hay que acabar con este lugar!

Dicho ello, Igos du Ikana, tomado por Majora, comenzó a atacar a sus propios soldados.

-Keeta: ¡Soldados, no quería dar tal orden, pero...! ¡Ata... Ataquen...! ¡Ataquen al Rey! ¡Y sobre todo, quítenle la peligrosa máscara!

El Ejército de Ikana, con todas sus fuerzas, logró neutralizar al Rey, quitándole la peligrosísima máscara.

-Keeta: Señor... ¿Está bien?

-Igos du Ikana: ¿Qué he hecho...? Mi reino... Mis soldados... ¡La máscara...! ¡Deságanse de la máscara! ¡AHORA!

Los soldados, obedientes, enterraron la máscara lejos del alcance de cualquiera, donde nadie podría obtenerla. Al tiempo, el Cañón de Ikana comenzó a secarse; no crecieron más cultivos, y las personas, lentamente, murieron. Los pocos sobrevivientes, al percatarse de que su tierra estaba maldita, se trasladaron hacia el centro de Términa. Acababan de iniciar una nueva civilización. 

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